martes, 26 de febrero de 2013

Pasale la pelota a los pibes

Hace un rato miré con interés el siguiente video de la UNESCO titulado "Aprender a Proteger la Biodiversidad". Empieza bastante bien explicando qué es y por qué es importante la biodiversidad. Incluso me pareció audaz para reconocer que "las pautas de consumo en los países ricos son la principal causa de la pérdida de biodiversidad". El problema surgió cuando el video llega a la parte de las soluciones:



La remanida estrategia de tratar de solucionar los problemas sociales "concientizando" a los niños en las escuelas, es tal vez la manera más elegante de aparentar que se está preocupado por el problema y buscando soluciones sin hacer efectivamente NADA para cambiar las cosas.
Los niños no son los que están deteriorando el planeta. En el mejor de los casos, estos niños estarán en condiciones de efectuar cambios importantes cuando sean mayores, dentro de 15 o 20 años. Mientras tanto el deterioro se profundiza. Los que sí producen el deterioro siguen operando.
Los responsables de la degradación del planeta son las grandes corporaciones (mineras, petroleras, químicas, etc.) que consumen cantidades industriales de materias primas, producen cantidades industriales de desechos tóxicos y contaminan napas, ríos, bosques, glaciares y los océanos.Una sola minera que extrae oro a cielo abierto consume por día tanta agua como una ciudad. Mientras le piden a los niños que cierren las canillas que gotean nadie detiene a las mineras en su derroche de agua.
Finalmente los gobiernos son responsables también porque podrían establecer regulaciones que protejan los BIENES COMUNES VITALES en vez de permitir su depredación irracional como mercancías sin propietario y la producción de "externalidades negativas" por las que las empresas ni pagan ni se hacen responsables.
Se pueden prohibir los envases descartables de plástico o vidrio, volver a los envases retornables. No se trata de que los consumidores reciclen los envases descartables. Se trata de que no se produzcan. El reciclado es un arma de doble filo puesto que una vez que se instala una industria del reciclado la basura se convierte en su materia prima y se vuelve necesaria. Luego la dinámica capitalista hace el resto: la empresa necesita crecer, aumentar su producción y para ello necesita que haya cada vez más basura (su materia prima). Luego se crea una rama de actividad que se vuelve enemigo de la disminución de la producción de basura. Empresarios y trabajadores y sus familias que dependen de la continua producción de basura para mantener su trabajo. En síntesis, el reciclado significa cada vez más basura.
Las multas tampoco son la solución porque es como vender el derecho a contaminar, y las grandes corporaciones pueden contabilizarlo como un costo más. No se trata de pagar por el derecho a estropear el planeta. Se trata de no estropearlo.
Se puede penalizar a los que contaminan quitándoles o suspendiéndoles las licencias durante algunos meses o años, u obligarles a que limpien el daño producido. Al no regular se está permitiendo que ocurra. Eso se podría cambiar HOY si lo desean.
El daño AL POR MAYOR no lo producen los ciudadanos comunes y menos los niños. Lo producen las grandes corporaciones con la connivencia de los gobiernos. Es hipócrita pasarles la pelota a las próximas generaciones.
Resulta asombroso que muchos profesionales bien intencionados incurran en el mismo error. He visto proyectos de extensión universitaria que diagnosticaban, por ejemplo, la progresiva extinción de anfibios en ecositemas rurales periurbanos como consecuencia del uso de agrotóxicos por parte de los productores, y luego como solución proponían dar charlas en las escuelas primarias y jardines de infantes de la zona para explicarles a los niños la importancia de los anfibios en el ecosistema.
Es sin lugar a dudas muy útil y loable explicar eso a los niños, pero es ingenuo creer que esas charlas pueden modificar la situación cuando los niños no son los que usan los agrotóxicos y, aún si fueran sus padres, existen poderosos motivos económicos, de productividad, de costos, de competencia, etc. que están operando para que los productores usen agrotóxicos, aún a sabiendas de que producen un daño ambiental.
Es un prejuicio racionalista suponer que los errores humanos se comenten siempre "por ignorancia" y, por ende, se evitan mediante la educación o la concientización. Y suponer que los errores de hoy se van a remediar concientizando a las generaciones de mañana resulta todavía menos sensato, aunque queda bien.